Y ahí me encontraba yo, caminando con fervor porque la noche quería empezar a caer y el camino no parecía ser muy bueno de noche y tuve ese momento, el aire me golpeó la cara y movió el cabello lo sentí recorrer mi oído izquierdo y de una forma extraña y poco poética mi cuero cabelludo, fue porque tenia el cabello mojado por natación, pero lo mágico sucedió después. De alguna forma me detuve sin razón aparente sentía que algo me llamaba, cerré los ojos y ahí estaba, sonaba como un oleaje, como si estuviese en una playa a solas disfrutando, en realidad esta a solas disfrutando. Eran pues árboles enormes moviéndose de un lado a otro con el viento con todas esas tonalidades de verde... Mi vista percibió entonces una especie de flor veraniega color rosa moviéndose todas juntas como si tuviesen un mismo ritmo, el ritmo que me regalaba la naturaleza, de esas grandezas que te abordan a menudo pero pocas veces quieres escuchar o ver.
Sé que te hubiera gustado estar ahí, solo lo sé.
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