domingo, 23 de diciembre de 2012

Diciembre.

Ahí sentada fue como entendí que navidad no es solo una temporada, es un estado del alma, de ánimo, es una actitud.


Yo, no me considero un ser muy navideño, un día crecí y la magia del arbolito, los regalos, la cena y demás se perdió.
El año pasado en noche buena me fui a dormir temprano, la fecha "importante" llegó y yo ni cuenta me dí, no esperé con emoción el ponche y entre junio y diciembre para mí no hubo mucha diferencia.


Este año decidí que no me iba a dejar vencer y no sé exactamente porque pero siento la alegría en el corazón, no hemos puesto ni pondremos arbolito, no sé donde pasaremos 24 y 25 de diciembre, no sé que me voy a poner, ni siquiera que vamos a cenar pero un día salí a la puerta de la casa y el aire trajo consigo el aroma a navidad y no solo de navidad sino el de las navidades de mi infancia.

Entonces entendí que el ese "24 de diciembre" es más que los regalos, las luces de colores y los abrazos, es la oportunidad que nos da Dios y la vida, 1 vez al año de dar 1 respiro y tomarle un sabor distinto a todo, sueños diferentes,sonrisas distintas, aromas nuevos.
No podemos negar que todos en la calle tan pronto como las fechas decembrinas llegan se visten y comportan diferente, son más amables y yo en particular camino más despacio, sin prisa.

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