martes, 16 de abril de 2013

Diego.

Se dice que Hemingway en un momento de su vida realizo el ejercicio de escribir 1500 palabras diarias y no levantarse de su lugar hasta no haberlo terminado, a partir de hoy realizaré el mismo ejercicio por un mes aunque tal vez en un menor número. Aquí mi primer entrada.

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Hace mucho no lloraba tanto en una despedida, creo que la última vez que llore por más de una hora con tanto sentimiento fue porque mi hermano se iba a vivir a Canadá, hoy yo dejo Monterrey y dejo a mi otro hermano y familia en esta ciudad que si bien me hospedo por no más de 1 semana me regalo experiencias inolvidables.

Aún no sé si fue más difícil despedirme de mi hermano o de mi sobrino cuando le vi brillo en los ojos por tener compañía "de planta" por no estar solo en esa ciudad tan enorme. Entonces pude entender de soledad, estar en una de las ciudades más importantes del país, con tantas cosas por ver y sentirse solo. O de mi hermano tratando de apretar las lágrimas y despedirme con una sonrisa.  Mi mamá lo hizo mejor que bien, nos amamos. Me he dado cuenta de que Dios, la vida o el karma me han dado el mejor de los regalos y bendiciones: Una familia.

Amo esos ojitos con miles de pestañas largas y esa sonrisa perfecta que sin miedo o pena me toma de la mano para cruzar la calle, soy su tía y aunque me ve muy poco confía en mi, me quiere, ríe conmigo y me hace arañitas siempre y cuando yo también le haga a el.

Arañitas eres sin duda, mi persona favorita.

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